40 DÍAS DE COMUNIDAD SESION 2

26 septiembre I Dale Walker

EL AMOR PONE ATENCIÓN

(Lectura adaptada de un sermón por John Ortberg)

 

Es una escena común.  Una pareja está sentada a la mesa desayunando.  Un cónyuge (digamos el esposo) está inmerso en el periódico, mientras que la esposa está derramando su corazón.  Frustrada, finalmente ella se queja, “No me estás escuchando.”

 

“Puedo repetir cada palabra que has dicho,” es la respuesta común.  Él procede a demostrárselo.  ¿Está satisfecha ella?  ¡No!  Ella no quiere que él simplemente repita sus palabras. Una grabadora podría hacer eso.  Ella quiere que el esté completamente presente.  Ella quiere que baje el periódico y que la mire a los ojos, y que le ponga atención.

 

Ser escuchada no es suficiente.  Quiere que se le ponga atención.  La atención es una de las fuerzas más poderosas del mundo.  Junto con el alimento y el agua, un bebé necesita ver la mirada atenta de un rostro humano para desarrollarse apropiadamente.  Cuando crecemos, aún necesitamos esa atención.

 

Yo fui a la escuela de postgrado por varios años para aprender acerca de psicología clínica.  Hubo una cosa que aprendí rápidamente.  La cosa que la gente valora tanto como la dirección que reciben cuando van a consejería, es estar en la presencia de otro ser humano que en verdad le mire, le escuche, que le ponga atención, y que le traten como si realmente importa.

 

El mandamiento más grande de Dios para construir comunidad es “amarnos unos a otros.”  Una de las funciones primarias del amor es prestar atención.  Es tan valuable que no solo damos atención - sino que pagamos por ello.

 

EL ROSTRO ATENTO DE DIOS

 

Uno de los milagros de la vida es que Dios nos pone atención.  Esto es en parte del porque los autores de Las Escrituras hablan frecuentemente del rostro de Dios.  La bendición sacerdotal, la cual Dios mismo le enseñó a Israel dice: “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y te de gracia; el Señor te muestre su rostro y ponga en ti paz.” (Num. 6:24-26)

 

El mostrar el rostro a alguien es darles tu atención completa y de todo corazón.  No es el escuchar casualmente con una mente llena de preocupaciones.  Es una declaración que dice, “No tengo algo más que hacer, ningún otro lugar donde prefiera estar.  Estoy completamente dedicado a estar contigo.”  Este es el tipo de atención que Dios nos dedica.

 

La bendición sacerdotal dice que Dios no solo mostrará su rostro hacia nosotros, sino que también hará que resplandezca sobre nosotros.  Un rostro resplandeciente es una imagen de deleite.  Es el rostro radiante de un padre orgulloso mientras un hijo toca su primer recital de piano.  Es el rostro brillante del novio mientras ve a su novia caminar por el pasillo hacia el altar para casarse.  El que un rostro brille de esta manera, solo sucede en la presencia del más profundo amor.

 

Así es como Dios nos ama.  Dios nos pone atención.  Perder la atención amorosa de Dios, como lo fue para el salmista, es perder todo:

 

Mi corazón ha dicho de ti: «Buscad mi rostro.» Tu rostro buscaré, Jehová; ¡no escondas tu rostro de mí! ¡No apartes con ira a tu siervo! ¡Mi ayuda has sido! No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.  Salmos 27: 8-9

 

Nada era peor que imaginarse a Dios escondiendo su rostro.

 

Dios pone atención.  Atención cercana.  “Cada cabello de su cabeza está contado.”, dijo Jesús. (Lucas 12:7)  Frecuentemente lo tomamos como una señal de amor si alguien nota nuestro corte de cabello o que cambiamos el estilo de nuestro cabello.  Se ha sabido de matrimonios destruidos por la falta de poner atención a estos detalles.  ¡Dios ha enumerado cada cabello!  Si uno se cae, el lo nota.  Desafortunadamente, tal vez no lo reponga, pero si se da cuenta.  Jesús no está dando una enseñanza aquí de la capacidad de Dios para procesar información o números.  Él está enseñándonos acerca de que Dios está infinitamente atento hasta de los detalles más pequeños de nuestras vidas.  Dios pone atención.

 

PONIENDO ATENCIÓN A LA GENTE

 

¿Qué significa para ti el hacer la obra de Dios?  ¿Significa que creces hasta poder ver lo que Él ve, escuchar lo que Él escucha, poner atención a la gente como el pone atención? Pero, ¿qué es lo que específicamente hace el amor atento?

 

El amor recuerda. ¿Cuál es su película favorita?  ¿Cuál tipo de café le gusta a ella?  ¿Cuándo es su cumpleaños?  El amor recuerda los eventos significativos que sucedieron en la vida de un amigo la semana pasada.  El amor recuerda la pérdida que se sufrió hace un año en este día.  El amor está en los detalles.

 

El amor se da cuenta.  En su libro “Simplemente No Entiendes”, Deborah Tannen cuenta la historia de su tía-abuela, quien tuvo una relación romántica cuando estaba en sus setentas.  Obesa, quedándose calva, golpeada con artritis, ella no tenía el estereotipo de una mujer románticamente amada.  Pero lo era, por un hombre que también estaba en sus setentas.

 

Una tarde salió a cenar con unas amigas.  Cuando regresó a casa, su amigo le llamó y ella le contó acerca de la cena.  El escuchó con interés y le preguntó, “Que ropa te pusiste?”  Cuando ella me contó esto, ella empezó a llorar: “¿Sabes cuantos años han pasado desde que alguien me ha preguntado que traía puesto?”  Cuando mi tía-abuela me dijo esto, ella me estaba diciendo que hace ya muchos años que nadie la amaba tan profundamente e íntimamente.

 

Si quieres hacer la obra de Dios, ponle atención a la gente.  Obsérvalos.  Tómate el tiempo para resaltar lo que encuentras atractivo y digno de alabanza.  Tenemos el poder de deleitarnos el uno con el otro cuando nos ponemos atención y nos gozamos el uno con el otro.

 

El amor escucha.  Hay gente al rededor tuyo que hoy necesita que les pongas atención.  Cuando estás sentado a la mesa o dentro de una grupo pequeño y alguien está hablando, “muéstrales tu rostro”.  Míralos a los ojos.  Dales tu atención completa.  Debes estar completamente presente con ellos en ese momento - aunque sea por un momento.  Escucha las palabras de sus bocas.  Escucha las palabras de sus corazones.

 

Algo asombroso sucede al volvernos más intencional acerca de poner atención a la gente.  Podemos poner un poco más de atención a Dios.  Debemos detenernos, estar completamente presentes, enfocarnos, y escuchar.  Estas son las mismas habilidades que necesitamos para lidiar con nuestro propio deficit de atención espiritual.  Al crecer en nuestra habilidad de poner atención a la gente, hay una buena probabilidad que creceremos en nuestra habilidad de poner atención al “suave susurro” de Dios.

 

El poner atención es una cosa poderosa.  Puede transformar relaciones.  Puede transformar nuestros corazones.  “El que tiene oídos para escuchar, que escuche,” solía decir Jesús.  ¡Pongan atención!

 

EJERCICIO ESPIRITUAL

 

Tu ejercicio para esta semana es simplemente escuchar.  El poner atención a las personas con un corazón sensible es una de las maneras más concretas de expresar el amor de Cristo.  A través de varios encuentros de esta semana - ya sea momentáneo o sustancial - practica la disciplina de escuchar.  Al hacerlo, considera lo siguiente:

 

• Cuando una persona esté hablando, mírale a los ojos.  Literalmente, “muéstrales tu rostro.”  Dale tu atención completa.

 

• Haz todo esfuerzo para estar completamente presente en la conversación.  Si tu mente comienza a divagar en otras cosas que tienes que hacer, detente.  Recuerda que este momento - aunque sea un momento - es una oportunidad poderosa para amar como Jesús amó.

 

• Comprométete, por lo menos por esta semana, que no vas a interrumpir.

 

• Intenta entrar a la experiencia que tuvo la persona al estarla escuchando.  ¿Cuál es el sentimiento detrás de las palabras?  Considera preguntar, si es apropiado, “¿cómo te sentiste acerca de eso?” o una pregunta similar que refleje interés genuino.

 

• Resiste la tentación de formular lo que vas a decir a continuación mientras que la otra persona aun está hablando.  Si hay una pausa en la conversación, evita cambiar tu enfoque a ti mismo.  Permanece con la persona y su historia.

 

• Al escuchar a otra persona, escucha con un “tercer oído” - uno sintonizado al Espíritu Santo.  ¿Qué es lo que Dios tal vez te esté diciendo a través de esta persona?  ¿Qué es lo que Dios tal vez quiera decirle a esta persona a través de ti?

 

Una vez al día, pausa y anota algunas observaciones.  ¿Qué tan difícil fue estar completamente enfocado en otra persona?  ¿Es más difícil con ciertas personas que con otras?  ¿Qué tan a menudo te encuentras dirigiendo la conversación hacia ti mismo?  ¿Cómo respondieron diferentes personas a que prestarás atención?  ¿Cómo te está impactando esto personalmente?